Ya con la cabeza en las manos, partí a sacarme la radiografía para que me extraigan la última muela del juicio que me queda. Sólo falta el análisis del doctor y el día de la cirugía (y espero que ésta vez no se demore 3 horas, ni mencione entremedio: "nooo...tu muela no sale" -Señor, guardese el comentario. Si no es por ética profesional, por piedad-).

Como no suelo darme el tiempo para acudir a médicos, aproveché de ir al oculista y que me hiciera una nueva receta para mis lentes y, según yo, me apoyase en mi teoría de que éstos dolores de cabeza infernales se deben a que fuerzo la vista. Entré a la consulta del doctor, luego de que una diligente enfermera me hiciera ese exámen en que tienes que mirar un camino. --Paréntesis: hoy no sé qué edad creyeron que tenía las enfermeras, pero todas (las de las radigrafías y las del oculista) me trataron de "mi amor" y "cuántos años tiene". Les faltó poco para darme un dulce y hacerme "nanai". Por el contrario, los doctores se comportaban muy mirones y risueños--. Me dió risa notar que en las paredes habían muchas fotos de cuerpos pintados. En un comienzo las vi, y como algunas son interesantes, no le dí mayor importancia; pero en realidad no tiene nada que ver que en la consulta de un tipo que analiza ojos hayan imágenes de potos. En fín. Resultado luego de las risillas del médico fue que me aumentó la miopía, pero que mis dolores no se deben a eso (muy sonriénte me dijo: "vaya a un neurólogo"), asi que al parecer tengo para rato.

Mañana sigue la maratón de consultorios. Casi tan emocionante como el mundial!