Pocas veces el museo de Bellas Artes hace exposiciones de fotografía. Creo que se debe un tanto a la premisa "de lo bueno poco", pues en sus murallas ha recibido a Cartier-Bresson y a Robert Doisneau, entre otros. Ahora es el turno de Elliott Erwitt, socio de la prestigiosa agencia Magnum (presidente dos veces), aún vigente y aún vivo.

La sala Matta se ve cubierta en su amplitud. Sólo hay 3 copias originales de Erwitt -lo menciono porque, a pesar de que el resto de las imagenes se ven bien, no tienen comparación con la perfección técnica de las originales; pero éste dato puede no ser comprendido por varios, asi que continúo-, al mirar las firmas me emociono.

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fotografía de Elliott Erwitt

Comienzo a analizar los puntos, el orden, los detalles, la textura, los tonos de grises, el contenido, la ironía con que siempre nos presenta algo comparando por contraste. Las voces me distraen. Muchas de las personas que asisten a los museos recorren mirando con la profundidad de una carrera de caballos, para poder mencionar que vieron una exposición, aún cuando no miraron nada. La sala está dividida por temas, y uno de ellos son las muestras y el arte. Hay una fotografía de un joven haciendo una copia de "La maja desnuda" de Goya, usando a una compañera rubia y vestidísima; bajo esa imágen, hay una foto de ambos cuadros (la maja vestida y la maja desnuda) siendo vistos por muchas personas. El asunto es que estaba observando ambas fotos cuando una señora, de aproximadamente 50 años, le mencionó a su hija (de unos 18 años): "mira, acá están pintando el cuadro, y acá abajo lo exponen" -terror: la vieja creía que el cuadro no era de Goya, sino que del niño y que Erwitt lo fotografió trabajando!!!!-. Lo peor no es eso, sino que la hija le contestó: "no poh mamá!, mira las fechas..el de arriba donde está pintando es del año 90 y el de abajo del 95...oseaaa NADIE SE PUEDE DEMORAR 5 AÑOS PINTANDO". No sabía si reirme o llorar, macabras las dos. Si no saben, se quedan calladas, ponen cara como de que piensan y siguen de largo, pero esas conclusiones es mejor mantenerlas en secreto.

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fotografía de Elliott Erwitt

Me costó volver a concentrarme, es que ese diálogo fué demasiado bizarro, pero seguí mirando y llegué a la foto de Yukio Mishima (aquel último retrato, poco antes de practicarse el hara-kiri). No podía despegar la vista de los ojos de Mishima dirigidos a la katana, envuelto en libros y papeles que se veían oscuros. No podía dejar de sentir angustia e intriga hacia esa determinación, lo que podía estar pensando -o evitando pensar-. Estuve mucho rato analizando la imágen, tratando de grabarla en mi retina (la busqué ahora para que la viesen, pero no la encuentro, si alguno tiene suerte, sabrá de inmediato cuál era). Me había olvidado por completo del lugar, de la gente, de la sala, incluso del fotógrafo: sólo estaba Mishima. Hasta que detrás mío se pararon unas niñas como de 3ro medio, miraron la escena y, para mi sorpresa, se rieron mencionando: "mira, un chinito" y se perdieron con la rapidez que provoca la falta de interés.

Ya no habían versos, ni flores blancas, ni peleas internas, ni aristocrácia, ni entrenamientos o ideologías (buenas o malas), sólo el vacío con el que puede dejar la ignorancia. Por supuesto que después de eso Mishima no soltó su katana.